Myhn se acercó al hombre, con un sutil pero tentador movimiento de caderas. Él se limitó a observar su avance con una mirada lasciva. La muchacha alzó uno de sus delicados dedos al alcanzarle y le dibujó un perezoso corazón en el pecho. El hombre se estremeció de deseo.
- Dime lo que sabes hacer- ronroneó ella, traviesa.
- Yo… Sé utilizar la lengua para más que articular simples palabras, preciosa- respondió él, jadeante.
Myhn arremetió contra él, pegándose a su cuerpo, acercando su boca al oído del hombre.
- Demuéstramelo- susurró, provocándole.
No tuvo que repetirlo dos veces. Él se arrodilló, sumiso ante ella, levantó los pliegues de su ostentosa falda y se perdió entre ellos. Ella sostuvo su cabeza, posesiva, contra ella. Jadeó. Una sola vez. Después, con un repentino movimiento, giró bruscamente hacia un lado la cabeza que sujetaba a través de modestas cantidades tela. Un escalofriante y desafiante chasquido rompió el silencio que había impuesto la fúnebre noche.
La viuda negra, satisfecha, se separó de su presa al tiempo que se deshacía de su falda, dejando caer ambas al suelo, enterrando el caliente cadáver del hombre entre los pliegues de la tela.
Buenas noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario