domingo, 29 de abril de 2012
Réalités
J´ai regardé l´image un fois plus. L´herbe se mouvait au rythme du vent.
Je suis allée et j´ai posé ma main sur la toile. J´ai fermé mes yeux. Je pourrais sentir la douce brise.
Une minute.
Je pourrais sentir la douce brise.
J´ai ouvert mes yeux et je ne pouvais pas éviter de me surprende. J´étais sous l´ombre d´un saule, assis ntre ses vacines. Une rivière passait à son côte.
En dépit de ne pas savoir ce qui était passé, je n´avait pas peur. J´avait l´intention de demeurer dans le pré jusqu´à que je me réveillais... Si je le faisais.
Comme je me sentais fatiguée, j´ai fermé mes yeux et je me suis tombée contre le tronc de l´arbre.
Les ombres se sont apparus autour de moi.
Je voulait me réveiller, puisque j´ai ouvert mes yeux. J´étais en face de la fenêtre d´une boutique. Ma réflexion m´a retourné le regard. J´ai tendu ma main avec le but de la toucher. Lorsque mes doigts ont caressé le cristal, je me suis fussionée avec mon alter ego.
J´ai crié.
Alors, j´ai realisé que j´étais enfermée dans une prison de cristal.
Quelle était la situation réelle??
domingo, 1 de abril de 2012
Aspiraciones racionales
Ziek gruñó, tensando por enésima vez sus antes poderosos brazos, intentando romper las gruesas cadenas que le anclaban a la pared, exhausto.
Una pequeña ventana situada a su espalda y por encima de su cabeza, filtraba tímidamente débiles haces de luz lunar. De vez en cuando, alguna ignorante sombra se vislumbraba en la pared opuesta a la que él se encontraba.
Sombras que él no conocía y se moría por perfilar.
Literalmente.
Su vacío estómago rugió a modo de protesta por los pocos cuidados que recibía últimamente. Llevaba sin alimentarse... ¿días? Quizá semanas. El tiempo pasaba lenta e inexorablemente, y cada minuto le acercaba más a la muerte. A pesar de que para él, castigado y enjaulado como estaba, la diferencia entre aquel suplicio y la vida era ínfima.
No le había estado permitido el conocimiento que tanto ansiaba y le estaba vedado, y al recibirlo esa acción también había conllevado consecuencias: había recibido una acusación de traición contra sus iguales.
Su castigo consistía en permanecer atrapado entre la luz del conocimiento que él deseaba y la oscuridad de la mentira que le atormentaba... y seguiría haciéndolo, pues no lograría romper los eslabones que le ataban a la artificial realidad que vivía.
Gimió, defraudado tanto con los temores que le gobernaban como consigo mismo, por ansiar algo que jamás le sería permitido poseer.
¿Conocimiento?
Aquello equivaldría a su libertad y la verdad que no encontraba.
Ziek sufría física y mentalmente por lograr ese oscuro objetivo. Siete latigazos eran la prueba tangible de ello. Miles de ignorantes y leales rostros insatisfechos bajo su punto de vista podían confirmarlo.
Y había una persona, una única entidad, por la que seguía con vida y por la que, sin duda, moriría.
Ziek se estremeció sin poder evitarlo. La sangre ardía en sus venas, su débil corazón comenzó a bombear con fuerza. Durante su patética existencia, había vivido en un mundo de mentiras, herejía y traición. Un mundo en el cual la mente dominada era leal. Cabía esperar, sin embargo. El poder se abastecía de esas ingenuas almas. La paz no se seguía, y la justicia se buscaba. Y si no se encontraba, sólo habría de esperarse la paz de los cementerios.
Ziek no temía dormir, soñar y no volver a despertar.
Al fin y al cabo, estaba condenado a muerte.
Quizá sus expectativas no tardaran en cumplirse.
Siguiendo el hilo de sus pensamientos, una de las pocas sombras cuyo rostro conocía se apareció frente a sus cansados ojos. La única verdad que Ziek conocía caminó hacia él, con suavidad y una infinita parsimonia.
Lo bueno se hacía esperar.
Cuando la mujer le alcanzó, se arrodilló frente a él y le sostuvo con sumo cuidado entre sus brazos.
Había acudido en su rescate.
- Libertad- proclamó en su oído, susurrando quedamente.
Ziek desvió la mirada hasta posarla en ella. La criatura más hermosa que jamás hubiera contemplado le devolvió una compasiva y profunda mirada.
- Por favor...
Ella sonrió, con tristeza, y lo acunó entre sus brazos. Acercó sus labios hasta rozar los de él con suavidad.
Su sentencia estaba firmada.
Antes de separarse por completo, una afilada daga atravesó sin dificultad alguna el maltrecho corazón de su víctima, que jadeó, agradecido, contra su boca.
La reina de las aspiraciones racionales no satisfechas salió de la celda, cubierta de sangre, dispuesta a dar caza a más rebeldes, más presas.
Una pequeña ventana situada a su espalda y por encima de su cabeza, filtraba tímidamente débiles haces de luz lunar. De vez en cuando, alguna ignorante sombra se vislumbraba en la pared opuesta a la que él se encontraba.
Sombras que él no conocía y se moría por perfilar.
Literalmente.
Su vacío estómago rugió a modo de protesta por los pocos cuidados que recibía últimamente. Llevaba sin alimentarse... ¿días? Quizá semanas. El tiempo pasaba lenta e inexorablemente, y cada minuto le acercaba más a la muerte. A pesar de que para él, castigado y enjaulado como estaba, la diferencia entre aquel suplicio y la vida era ínfima.
No le había estado permitido el conocimiento que tanto ansiaba y le estaba vedado, y al recibirlo esa acción también había conllevado consecuencias: había recibido una acusación de traición contra sus iguales.
Su castigo consistía en permanecer atrapado entre la luz del conocimiento que él deseaba y la oscuridad de la mentira que le atormentaba... y seguiría haciéndolo, pues no lograría romper los eslabones que le ataban a la artificial realidad que vivía.
Gimió, defraudado tanto con los temores que le gobernaban como consigo mismo, por ansiar algo que jamás le sería permitido poseer.
¿Conocimiento?
Aquello equivaldría a su libertad y la verdad que no encontraba.
Ziek sufría física y mentalmente por lograr ese oscuro objetivo. Siete latigazos eran la prueba tangible de ello. Miles de ignorantes y leales rostros insatisfechos bajo su punto de vista podían confirmarlo.
Y había una persona, una única entidad, por la que seguía con vida y por la que, sin duda, moriría.
Ziek se estremeció sin poder evitarlo. La sangre ardía en sus venas, su débil corazón comenzó a bombear con fuerza. Durante su patética existencia, había vivido en un mundo de mentiras, herejía y traición. Un mundo en el cual la mente dominada era leal. Cabía esperar, sin embargo. El poder se abastecía de esas ingenuas almas. La paz no se seguía, y la justicia se buscaba. Y si no se encontraba, sólo habría de esperarse la paz de los cementerios.
Ziek no temía dormir, soñar y no volver a despertar.
Al fin y al cabo, estaba condenado a muerte.
Quizá sus expectativas no tardaran en cumplirse.
Siguiendo el hilo de sus pensamientos, una de las pocas sombras cuyo rostro conocía se apareció frente a sus cansados ojos. La única verdad que Ziek conocía caminó hacia él, con suavidad y una infinita parsimonia.
Lo bueno se hacía esperar.
Cuando la mujer le alcanzó, se arrodilló frente a él y le sostuvo con sumo cuidado entre sus brazos.
Había acudido en su rescate.
- Libertad- proclamó en su oído, susurrando quedamente.
Ziek desvió la mirada hasta posarla en ella. La criatura más hermosa que jamás hubiera contemplado le devolvió una compasiva y profunda mirada.
- Por favor...
Ella sonrió, con tristeza, y lo acunó entre sus brazos. Acercó sus labios hasta rozar los de él con suavidad.
Su sentencia estaba firmada.
Antes de separarse por completo, una afilada daga atravesó sin dificultad alguna el maltrecho corazón de su víctima, que jadeó, agradecido, contra su boca.
La reina de las aspiraciones racionales no satisfechas salió de la celda, cubierta de sangre, dispuesta a dar caza a más rebeldes, más presas.
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