domingo, 5 de agosto de 2012

Tormenta

La lluvia lagrimeaba sobre mi rostro. El agua se deslizaba hasta mi barbilla, para después iniciar un salto mortal al vacío. Mi mirada estaba perdida en un cielo de nubes fúnebres que no prometían más que tormenta… tormentos. Más, y más tormentos. Mi corazón en un puño, sintiendo una incertidumbre propia de alguien que no sabía su propio devenir. Alguien que se sentía como aquellas gotas que caían al vacío, con la seguridad de que tarde o temprano terminarían chocando hasta desparecer olvidadas en un charco compuesto por sus hermanas. Alguien más. No alguien apreciable, sino de características iguales a sus semejantes. Sólo… Sólo alguien más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario